WIC vintage, un destino de moda para consumidores conscientes
WIC vintage, a fashion destination for conscious consumers

Palabras: Antonia Malig

Imágenes: WIC vintage

Sábado 12 de Diciembre, 13:00 pm. Presidente Riesco 3016 B, Barrio el Golf. Bajos los árboles y a un costado de la tienda WIC vintage se ven dos mujeres sentadas en una pequeña mesita disfrutando de una agradable conversación. No hay apuro, no hay estrés. Se les escucha reír y copuchar. Una de ellas es Patricia Selmik, dueña y creadora de Walk in closet (WIC), tienda de ropa vintage y de segunda mano. Este año se están celebrando cinco años desde que abrió y no es como las que se pueden encontrar en Bandera o Providencia donde todo lo que llega es por fardos. Aquí el concepto es otro; adherida al movimiento de moda lenta o slow fashion, es de las pocas, para no decir la única “tienda honesta, socialmente responsable y amigable con el medio ambiente” que existe en Chile. El destino de moda perfecto para aquellos “pocos pero locos” consumidores conscientes. La diferencia y lo que la hace ser tan especial es que aquí no se venden productos de marcas masivas, retail o fast fashion. Sólo cinco minutos dentro de la tienda y ya es posible reconocer el estilo, la calidad y originalidad de las piezas recibidas y seleccionadas por Patricia.

La consignación de ropa

Las conocidas tiendas por consignación florecieron en Estados Unidos luego de la gran depresión de los años ’30, y WIC tiene la misma modalidad. Este es un modelo participativo e inclusivo en donde personas particulares entregan por consignación vestuario y accesorios. Durante aproximadamente dos a tres meses los productos son exhibidos en la tienda. En caso de venta, la ganancia se reparte 50-50 entre la dueña de la prenda y la tienda. Luego del tiempo de exposición los productos que no son vendidos son devueltos a su dueña. El criterio de selección parte por que nada sea fast fashion o masivo y tal vez un 10% proviene de tiendas de mall, pero tiene que ser algo muy-muy especial para dejarlo. 

En general la mayoría de las prendas que se reciben son de afuera o de tiendas exclusivas de Santiago. El lugar tiene una colección que se renueva rápidamente, ya que todas las semanas se reciben cosas ‘nuevas’ y se devuelven otras. Según Patricia el criterio principal de selección, es que sea a primera vista algo de buen gusto, buena calidad, diferente, pero también incluyendo clásicos de siempre. “Sabemos que cada mujer tiene su estilo propio, es por eso que dejo cosas muy variadas para que haya un gran abanico para elegir, pero las bases del criterio de selección, no cambian” asegura.

Lo anterior le valió un reconocimiento a Patricia: en octubre del 2014, el Hotel W la invitó a participar de un desfile auspiciado por ellos y Estée Lauder por el mes de prevención del cáncer de mamas, con el sentido de Fashion for a second chance. Nadie podía creer que la ropa y accesorios no fueran nuevos. “Mi tienda es parte del movimiento slow fashion. Ese tipo de tienda que entras desde la vereda, que puedes dejar tu bolso tranquila y empiezas a ver percha por percha. Estando aquí comienzas a descubrir un tesoro tras el otro, tocas telas de verdad, te pruebas con calma, conversas, o simplemente entras miras todo y te vas. No importa, cada persona que entra es una batalla ganada al mall, cada persona que entra me demuestra que también se puede comprar cosas fuera del mundo del retail” nos cuenta Patricia. ¿Y qué es todo eso del slow fashion? Es una representación unificada de todos los movimientos de moda sostenibles, eco, verde, y ético. Promueve la educación acerca del impacto que produce la actual industria de la moda sobre el medio ambiente y el agotamiento de los recursos naturales para producir dichos productos. Busca desacelerar la producción para reducir el número de tendencias y temporadas, promover los productos de calidad y y entregarle un valor agregado para que se remueva la imagen de desechable que tiene la moda hoy en día.

Words: Antonia Malig

Images: WIC vintage

Saturday, December 12, 1:00 p.m., 3016 B Presidente Riesco, El Golf.  Two women, under the trees and next to the shop WIC vintage, are sitting at a small table enjoying a pleasant conversation. No rush, no stress. You can see them laughing and chatting. One is Patricia Selmik, owner and founder of Walk in closet (WIC), local vintage and second hand clothes. This year they are celebrating five years since it first opened and it’s not a shop like the ones that can be found in Bandera or Providencia where everything comes in bundles. Here, the concept is special; the shop adheres to the slow fashion movement. One of the few, if not the only “honest, socially responsible and environmentally friendly shop” that exists in Chile. The perfect fashion destination for those “few but crazy” conscious consumers. The difference and what makes it so special is, that here there are no mass brands, retail or fast fashion products that are sold. Only five minutes inside the store and it is possible to recognize the style, quality and originality of the items received and selected by Patricia.

Clothing consignment

Well known consignment shops flourished in the United States after the Great Depression of the ’30s, and WIC works with that selling mode. This is a participatory and inclusive model where individual people entrust by consignment their clothing and accessories. For about two to three months the products are displayed in the store. If they are sold, the profit is split 50-50 between the owner of the garment and the store. After the exposure time, the products that are not sold are returned to their owners. The selection criteria begins by not considering anything massive or fast fashion and maybe 10% comes from malls, but it has to be very, very special to be chosen.

In general, most of the items are received from foreign countries or from exclusive stores in Santiago. WIC has a collection that is quickly renewed, since every week old ‘new’ things arrive and others are returned. According to Patricia the main selection criterion is that the garment must be, at first glance, something tasteful, of good quality, different, but also including classics. “We know that every woman has her own style, that is why I let things vary, so that there is a wide range to choose from, but the basis of the selection criteria, doesn’t change,” she says.

For this reason, Patricia received an acknowledgment in October 2014. The W Hotel invited her to participate in a fashion show sponsored by them and Estée Lauder, during the month of breast cancer prevention, with the sense of Fashion for a second chance. Nobody could believe that the clothes and accessories weren’t new. “My shop is part of the slow fashion movement. It is a type of store where you can enter walking from the sidewalk, you can leave your bag and quietly start to check hanger by hanger. By being here you can discover treasure after another, touch true fabrics, you can cal my try an item on, chat a little, or just walk around, watch everything and leave. It doesn’t matter. Every person who enters here is a battle won to the mall, every person who comes to me shows me that you can also buy things from outside the retail world “ says Patricia. And what is all that about the slow fashion? It is an ethical unified representation of everything eco, green, and sustainable in fashion. It promotes education about the impact that the fashion industry has on the environment and depletion of natural resources when producing those products. It looks for slowing down the production, to reduce the number of trends and seasons, to promote quality products and change the image that disposable fashion has today.

En octubre del 2014, el Hotel W invitó a WIC a participar de un desfile auspiciado por ellos y Estée Lauder por el mes de prevención del cáncer de mamas, con el sentido de Fashion for a second chance / In october 2014 W Hotel invited WIC to do a runway show with Estée Lauder to raise awareness during breast cancer month in an event called Fashion for a second chance.

El problema llamado fast fashion


Actualmente conseguir prendas de calidad, es tan difícil de encontrar como de pagar. Lamentablemente el concepto fast fashion (cantidad sobre calidad) está en todas partes y vino para quedarse. Las personas compran por el bajo precio de las prendas. No hay un cuestionamiento del origen de los productos, y hay una aceptación generalizada de la mala calidad de ellos. Todos como manada consumen de las mismas tiendas de retail
En las grandes capitales del mundo, las tiendas fast fashion son como monstruos transformers gigantes, que literalmente lo devoran todo, sin darle cabida a ningún otro estilo o moda que no impongan ellos.


“El retail y las grandes marcas han pasado por encima de la creatividad e identidad de la personas para vestirse cada día. La mayoría de las mujeres no sabe cuál es su propio estilo, porque la moda se la han impuesto, sin que ellas tengan la posibilidad de opción. Muchos factores, pero sobre todo económicos ha hecho que el poder del fast fashion haya ganado todo el terreno que tiene“ dice Patty. Por lo mismo el gran problema que existe en Chile y en muchas otras partes del mundo, es que no hay un punto medio entre calidad y precio. Están los productos de muy baja calidad, muy bajo precio y en grandes cantidades para luego saltarnos al lujo, a lo exclusivo, a lo caro, de Patronato a Nueva Costanera. “Es muy difícil encontrar un término medio. Quienes buscan seda de verdad, lana de verdad, algodones o una buena hechura, no lo pueden hacer porque para esas cosas los precios están por las nubes. Por lo tanto la gente finalmente termina comprando productos mediocres, hecho a granel y 100% plásticos, producidos probablemente por trabajadores al otro lado del mundo, que ganan una miseria y en condiciones de trabajo deplorables. Sin contar lo poco que les durará, tres lavados con suerte para terminar siendo tirados al basurero” concluye Patty.

The problem called fast fashion

Currently, to get quality clothing, it’s very hard to find and even more to pay. Unfortunately, the fast fashion concept (quantity over quality) is everywhere and here to stay. People buy for the cheap price of the garments. There is no questioning about the origin of products, and there is a widespread acceptance of the poor quality of them. Everybody, as a herd, consume from the same retail store. In the great capitals of the world, the fast fashion shops are like giant transformers monsters that literally devour everything, without giving room for any other fashion style that is not imposed by them.

“Retail and big brands have not considered the creativity and identity of the people to dress every day. Most women do not know their own style, because the fashion is imposed, without having the possibility of choice. Many factors, but above all,  economic problems, are responsible for all the ground that fast fashion has gained with its power” says Patty. Therefore, the major problem that exists in Chile and in many other parts of the world, is that there is no midpoint between quality and price. There are products of very low quality, low price and enormous quantities and then yo go to luxury, exclusive and expensive.  From Patronato to Nueva Costanera. “It’s very difficult to find a space in the middle. Those seeking true silk, wool, cotton or a good tailoring, cannot do it because of prices are very high. So people eventually end up buying mediocre products made in bulk and 100% plastic, probably produced by workers across the world, earning a pittance and in deplorable working conditions. Not to mention the clothes will luckily last a little, about three washes to end up being thrown into the dustbin,” Patty concludes.

Patricia viajó a Londres el 2013, desde donde trajo carteritas tipo Kelly, tocados y zapatos Ferragamo, entre otras cosas, y organizó un evento para sus clientas y productoras de moda. / Patricia travelled to London in 2013, from where she brought Kelly-like handbags, hairpieces and Ferragamo shoes, among other thins. She organized and event for her clients and fashion stylists.

El estigma del vintage


Patricia vende ropa que se clasifica como “de segunda mano” y vintage. Pero esto que forma parte de un vestir sustentable, no es un tema central que sea posible aprender en universidades e institutos en Chile. Tampoco es valorado por las revistas. El público no tiene cómo informarse si no es de motu proprio a través de Internet. “Es muy difícil conseguir vintage real. De época aquí en Chile, sólo en el Persa y en algún anticuario de la galería Los Pájaros de Providencia. En general las cosas buenas van pasando de una generación a otra y no salen al mercado, por lo que hay que surtirse desde afuera o salir de caza en forma particular en ventas esporádicas. Quién compra hoy, por ejemplo una cartera de los 50’s o 60’s en muy buen estado, elegante y bonita, no la vuelve a vender y no vuelve a salir al mercado hasta a lo mejor otra generación y puede que a esa generación le guste, sea una tendencia, por lo tanto tampoco van a salir a la venta” asegura Patty. 


Patricia viajó a Londres el 2013, desde donde trajo carteritas tipo Kelly, tocados y zapatos Ferragamo, entre otras cosas. En esa ciudad se dio cuenta que el mundo vintage va desde lo usado-mala calidad, hasta el bolsito Chanel de época, que cuesta miles de Libras. Allá nadie tiene prejuicios con la ropa con historia y dueñas previas. Desde la Aristócrata que la dona para beneficencia hasta la compradora en la tienda o en la feria vintage de Portobello, todos participan de la maravilla que es reciclar o traspasar algo lindo y bueno para que otra lo siga usando y lo disfrute. “Definitivamente en Europa, lo vintage la lleva, están a años luz de avanzados con el concepto y la variedad es enorme. Todos compran, venden, cambian, regalan cosas usadas y hacen intercambios. El común denominador de las compradoras europeas por ejemplo, es el encontrar esas cosas con las que se identifican, que les da un toque, un look o definitivamente las hacen encontrarse con ellas mismas, y saben que jamás las van a poder comprar en un mall. Quieren comprar lo que ellas quieren, no lo que el fast fashion, la moda o los medios, les impongan. Pero esto aquí en Chile no sucede o sucede muy poco” sentencia.


Es por lo anterior que lo que esta haciendo Patricia con WIC es tan relevante. Por que mas allá de que sea una tienda de ropa vintage y usada, el espacio está concientizando que no es necesario ir al mall a comprar. Con la existencia de un oasis como éste, se puede ir educando a las consumidoras chilenas para disminuir el alto impacto 
social, económico y medioambiental del fast fashion, dándoles la oportunidad de ser mas originales, auténticas, mediante productos maravillosos y de calidad a precio justo.


Sin embargo Patricia es pesimista con el futuro del fast fashion, ve con estupor como las grandes marcas, las grandes tiendas y lo plástico se apoderan del bolsillo, de la creatividad y de la inocencia de las compradoras. Ella no se imagina un porvenir cercano sin esta tendencia en pro del desecho, pero sabe que mientras existan alternativas como la suya, así como diseñadores independientes, creativos, y amantes de la buena calidad, siempre va a existir una razón para dar la pelea.

Vintage stigma

Patricia sells clothing that is classified as “second hand” and vintage. But this part of sustainable clothing, is not a central theme that is possible to learn in universities and institutes in Chile. Nor it is valued by magazines. The public has no way to find out if it is not in their own possibilities through Internet. “It’s very difficult to get actual vintage. For some time now in Chile, you can get it only in Persa and some antique galleries like Los Pájaros de Providencia. In general, good things are passed from one generation to another and do not go to the market, so you need to stock up from outside or go hunting in particular sporadic sales. For example, who buys today something like a handbag from the 50’s or 60’s in very good condition, elegant and beautiful, does not resell it and does not re-enter to the market until maybe another generation, and perhaps that generation likes it too, or it is a trend and therefore it will not go on sale,” says Patty.

Patricia traveled to London last year, where she brought little Kelly type handbags, head pieces and Ferragamo shoes, among other things. In that city she realized that the vintage world goes from the worn and poor quality vintage, to vintage Chanel handbag, costing thousands of pounds. There is no prejudice to clothing history and previous owners. From the aristocrat who donates to charity to the buyer at the store or at the vintage fair of Portobello, everybody enjoys the wonder of recycling or passing something nice and good to another who can continue using and enjoying it. “Definitely, in Europe, vintage is on fashion, they are light years advanced in the concept and the variety is huge. Everybody buys, sells, barters, gives away used things and makes exchanges. The common denominator of European buyers for example, is finding those things with which the identify themselves, which give them an extra oomph, a given look, or they can definitely find themselves, and they know that they’ll never going to be able to buy in a mall. They want to buy what they want, not what the fast fashion or the fashion media imposes on them. But this doesn’t happen here in Chile or in a very small scale” Patricia sentences.

It is for this reason that what Patricia is doing with WIC is so important. Beyond being a vintage and used clothing shop, the place is bringing awareness that it is not necessary to go to the mall for shopping. With the existence of an oasis like this, it is possible to educate Chilean consumers in order to reduce the social, economic and environmental impact of fast fashion, giving them the opportunity to be more original, authentic, with wonderful quality products at a fair price.

Nevertheless, Patricia is pessimistic about the future of fast fashion, she sees with amazement how the big brands and department stores seize the people’s pocket, and the buyers’ creativity and innocence. She does not imagine the near future without this pro-waste trend, but she knows that as long as alternatives like hers, and independent, creative, designers and lovers of good quality exist, there will always be a reason to give the fight.

www.wicvintage.com

@wicvintage