Un embarazo y parto conciente
A conscious pregnancy and birth
Ceci Román es diseñadora de vestuario, ex-profesora de la UC, emprendedora en Nanai-Nanai y ahora madre de Violeta / Ceci Román is a fashion designer, former teacher at UC, entrepreneur at Nanai-Nanai and now mom to Violeta.

Palabras e imágenes: Cecilia Román @mariaceciliaroman

Para cambiar el mundo hay que cambiar la manera de nacer” 

-Michel Odent

Ser madre y mamífera en la actualidad es un acto revolucionario. Y hacerlo después de los cuarenta va aún más contra las reglas de la sociedad occidental, centrada en presentar prototipos ideales de mujeres exitosas que triunfan en sus profesiones, donde la maternidad, la lactancia y la crianza está cada vez más descuidada y hasta dejada de lado. No hay tiempo para aquello, no está dentro del programa de un mundo centrado en el exitismo y el dinero. Lo natural es algo que ha ido desapareciendo de la vida de las ciudades, asustadas por el poco control que se tiene de los procesos vitales.

  Yo me reconozco como una mujer que toda la vida ha llevado la contraria. No muy contenta desde niña por los roles que imponía lo que se veía en la publicidad televisiva, y por lo que hablaba mi madre, bastante resentida y acongojada por el espacio que ocupaba como madre y esposa, que toda la vida comunicó a mi hermana y a mí debía ser dejado de lado por una carrera profesional y una vida realmente independiente, que ella no había lo grado tener.

Y heme a los cuarenta en el siglo XXI, con profesión, viajes y experiencia a cuestas, por fin emparejada de manera estable, pero sin compromisos ni símbolos sociales que me ataran a nada. Pero la vida todavía tendría que enseñarme muchas cosas más, que nadie habla, cuando por fin, después de mucho pensarlo e intentarlo, decidí embarazarme, y al primer resultado positivo, perdí a mi primer hijo después de unas semanas, con mucho dolor, y con toda la familia y parafernalia médica diciéndome que eso era “normal”, y que a muchas mujeres les pasaba…

Los productos que hace Ceci para Nanai-Nanai son todos hechos a mano. / The products that Ceci makes for Nanai-Nanai are all handmade.

Después de un año, después de mirar con rabia y tristeza a todas las mujeres por la calle con sus panzas redondas, tal vez por casualidad, y porque mi deseo era gigante, quedé nuevamente embarazada. ¡Por Dios que tuve miedo! Pasé varios meses en que los únicos que sabíamos éramos mi pareja y yo. No engordé ni un gramo, no tenía nada que demostrara que esta vez pudiera fallar nuevamente…Y cuando pasaron los cuatro meses y le conté a mi madre, tuve un sermón gigante, acerca de por qué tener hijos a esta altura, que era tan difícil, que ella había sufrido tanto, que había estado tan sola, que no era fácil parir, que dolía mucho…

Con toda esa carga a cuestas pasé meses sin conversar con mi madre. Sin embargo a mi lado hubo otras mujeres maravillosas además de mi pareja Roberto, como mi hermana Paula, mi terapeuta y doula Lorena Naves, mi ginecóloga paz Martínez, y por supuesto mi matrona, que me ayudaron a que este renacimiento fuera lo más hermoso que me ha pasado en la vida.

Ya tenía nociones de parto consciente y respetuoso. Había leído y conversado con amigas y mujeres que habían parido y trabajado en grupos por un nacimiento natural. Y eso era lo que quería para mi hija Violeta y para nosotros como familia. Con Lorena desde el cuarto mes nos preparamos con ejercicios, lecturas, meditación, flores y mucha conversación de cómo nacería al mundo esta pequeñita.

Cecilia, Juan Roberto, Violeta y la matrona Alejandra Becerra. / Cecilia, Juan Roberto, Violeta and the midwife Alejandra Becerra.

Las últimas semanas conversé con Paz y la Ale para ver cómo y dónde sería mejor el parto y preparamos todos los papeles para tener la sala de parto integral lista para mí. Los últimos días empezaron de a poco las contracciones, y Roberto contaba, mientras yo me sumergía en al tina, tal como la matrona lo ordenó. La última noche antes de dormir estaba con contracciones sin dolor,  pero al amanecer ya empezó a molestar y nos levantamos para llamar a todo el mundo, y juntarnos en la clínica.

Con contracciones bastante dolorosas llegamos como a las 9:00 de la mañana a la clínica, y después de varios trámites pudimos ingresar con Roberto a la sala de parto integral. Luego llegó Lorena la doula, y Alejandra la matrona me hizo un tacto, y dijo que tenía sólo 3 centímetros de dilatación, y que sí seguía con tanto dolor me pondría anestesia. Como yo quería que no hubiera ningún medicamento en mi cuerpo trabajamos con Lorena en la pelota de Pilates, vocalizando y abriendo mi cuerpo, perdonando los dolores antiguos que habían sufrido las mujeres de mi familia, entendiendo que ese dolor mío venía de atrás, de su miedo y su soledad. En menos de una hora me dilaté casi completamente. Me fui a duchar mientras Roberto silencioso me acompañaba y me apoyaba en él. Boté el tapón mucoso, y después de la ducha me sentí con muchas ganas de pujar. En la penumbra y el silencio de la sala me agachaba y pujaba, sintiendo cómo iba preparándose mi hija para salir. La Ale me revisó cuando la doctora llegó a mediodía y las dos me miraban pasearme en silencio. Con un movimiento encima de la pelota la Ale movió a la Violeta, y me senté en la silla de parto con Roberto atrás sosteniéndome. Las tres mujeres estaban delante de mí. Acuclillada pujé muy fuerte y mi hija coronó la salida de la vagina con el aro de fuego. Con un segundo pujo gritando salió su cabeza completa y miró el mundo silenciosa con sus ojitos nuevos. Otro pujo y salió el resto del cuerpo. La tomé, la puse en mi pecho y subieron la camilla para coserme porque me había rasgado un poquito. A mi Violeta la limpiaron en mi pecho mientras mamaba por primera vez.  Luego la pusieron a mi lado para vestirla. Media hora después salió la placenta. De allí el resto es rutina, nos llevaron a una habitación para estar tranquilos.

Por último quiero repetir lo que escribí en esa ocasión. Quiero agradecer a la vida por las mujeres que me acompañaron a través de mi proceso de embarazo y parto. Alejandra, mi matrona, mujer con una energía feroz y fuerza de luchadora para defender a destajo el parto natural, sin intervención de medicamentos ni anestesia. Logramos un parto increíble, de sólo 4 horas, en el cual todos renacimos, no solo mi hija, su papá Roberto, Lorena, la doula poderosa y Paz, la doctora más pacífica y dulce.

Hoy mi madre ya no está. Ocho meses después de nacer Violeta murió de un cáncer al páncreas. Hay tantas cosas que me hubiera gustado compartir con ella, como por ejemplo, que la maternidad es difícil, pero hermosa. Que nunca me arrepentiré de todo lo que hice. Que ahora que soy madre la conozco y la entiendo mejor.